Leyenda de Mama Noël
Se dice que antes de que el mundo aprendiera a nombrar la Navidad, ya existía una presencia silenciosa que caminaba entre los hogares cuando el frío era más intenso.
No dejaba huellas en la nieve, pero su paso se sentía en el calor repentino de una habitación, en la calma inesperada de un niño, en la esperanza que nacía sin explicación.
No viajaba en una sola noche, ni en una sola estación.
Caminaba durante todo el año.
Observaba sin juzgar.
Esperaba sin exigir.
Entregaba sin ser vista.
Sus manos no solo llevaban regalos, sino consuelo.
Sus brazos no solo cargaban objetos, sino alivio para los corazones cansados.
Dicen que es ella quien enseña a las madres a proteger,
quien susurra fortaleza a quienes no se rinden,
quien mantiene viva la luz cuando todo parece oscuro.
No pertenece a ningún lugar, porque pertenece a todos.
No pertenece a un día, porque vive en cada gesto de bondad.
Y cuando llega el invierno, cuando las luces se encienden y el mundo recuerda la ternura, algunos logran verla.
De pie.
Serena.
Eterna.
Es Mama Noël.
La guardiana invisible de la generosidad humana.