Mujer de nieve en el bosque
Esta obra nace de una pregunta simple pero poderosa:
¿por qué “hombre de nieve” y no “mujer de nieve”?
“Dicen que la primera Mujer de Nieve nació de un suspiro de luna…”.
En esta obra he querido imaginar un ser que nace del propio bosque: una mujer de nieve cuya esencia es pureza y cuyo cuerpo es un canto a la vida invernal. La nieve, blanca y frágil, representa el alma limpia del invierno; una transparencia capaz de reflejar todo sin poseer nada.
Pero esta mujer no está desnuda: el bosque la viste.
Su falda, su chaqueta y sus botas están hechas de madera, como si los árboles mismos hubieran decidido protegerla, vistiéndola con su piel antigua. La madera es hogar, calor y refugio. Construye casas, muebles, barcos y caminos; sostiene la vida humana desde siempre. En esta obra, la madera se convierte en tejido, en abrazo, en identidad.
Para equilibrar esta fuerza terrenal, la mujer lleva un gorro, bufanda y guantes de lana, elementos cálidos que sugieren humanidad, cercanía, afecto. La lana es un recordatorio de nuestras propias manos, de los cuidados que damos y recibimos, del calor que necesitamos para sobrevivir.
La escena se sitúa en un bosque que respira a la vez silencio y vida. Un bosque donde, si escuchas con calma, puedes oír criaturas invisibles murmurando entre ramas, y sentir el perfume frío de la madrugada mezclado con la esencia dulce de la madera recién despierta.
La Mujer de Nieve es un espíritu guardián, una defensora silenciosa de todo lo que vive en este refugio natural. No amenaza; inspira. No vigila; acompaña. Es un símbolo de que la naturaleza, incluso en su forma más frágil, posee una fuerza capaz de sostener al mundo entero.
Formato: Cuadro impreso en papel artístico A3
Incluye:
- Impresión en papel artístico mate (A3)
- Envío protegido y seguro
- Listo para enmarcar o montar
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